En el cierre de la BIAU, procesos participativos en debate

BIAU 2014. El Pabellón temporal, atrio de bienvenida a los galpones donde se dictaban las conferencias. (Fotos: Paola Zini)
BIAU 2014. El Pabellón temporal, atrio de bienvenida a los galpones donde se dictaban las conferencias. (Fotos: Paola Zini)
BIAU 2014. El Pabellón temporal, atrio de bienvenida a los galpones donde se dictaban las conferencias. (Fotos: Paola Zini)

La intervención de las comunidades en los procesos de proyecto y autoconstrucción fue el eje de varias de las exposiciones de los últimos dias de este evento iberoamericano. ¿Se trata de nuevas formas de producción que auguran un verdadero cambio disciplinar?.

Si bien «Las nuevas geografías», lema de la Biau 2014, fueron expuestas a lo largo de la semana que duró el encuentro, los últimos dos días en el Parque España de Rosario no dejaron dudas acerca de cuál era el argumento de la historia que los organizadores y curadores de este evento quisieron contar a los más de dos mil asistentes. La realidad de la arquitectura iberoamericana tiene un correlato con sus circunstancias culturales, sociales y económicas, además de su única y particular geografía. Lo expuesto es el resultado de esta combinatoria, que concluye en formas de producir la arquitectura que no encuadran dentro de prácticas globalizadas, donde la figura del arquitecto tiene una presencia tanto o mas importante que su propia obra.

Lo que se vio en la Biau 2014 fueron justamente arquitecturas que se adaptaban a cada contexto, extrayendo de ellos sus cualidades. Se trata prácticas participativas, donde la figura del arquitecto se diluye dentro de una trama en la que el destinatario final participa tanto del proceso de diagnóstico de la problemática como de las posibles soluciones, del proceso de proyecto y construcción del mismo. Más que una obra terminada, la valoración está puesta en el proceso y en la manera en que el usuario termina sintiendo como propia a la obra terminada.

«La Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo querría situarse en dos extremos que parecen lejanos pero que son la cara y el envés de la misma moneda y ambos consecuencia de la globalización. Se trata de reflexionar sobre la relevancia del papel del arquitecto y del diseñador urbano en estos nuevos territorios de escalas continentales, y al tiempo indagar de qué modo el arquitecto puede entender hoy lo específico de cada lugar como un instrumento para producir la mejor arquitectura», escribieron los curadores, Francisco Burgos y Ginés Garrido, en el prólogo del libro de la Biau donde se incluyen todas las obras seleccionadas.

Así pudo verse, en los últimos días, la exposición de las obras argentinas premiadas. Trabajos de estudios jóvenes con obras de mediana escala y tecnología simple, en las que el paisaje actuó como soporte de la obra. La Casa M en Rosario de estudio Aire (Guardatti, Renzi, kahanoff), el Complejo el Mangaleta en Córdoba de Marco Rampulla, y la Hosteria Varvanco de Dynamo Arquitectura en Neuquén («la única manera de resolver este proyecto en ese paisaje era pensarlo como una obra de infraestructura», describieron los autores durante la exposición).

Dentro de esta misma línea se destacó el trabajo de los peruanos Elizabeth Añaños y Carlos Restrepo con el Colegio Santa Ana de Piedritas, una escuela ubicada en un caserío en la costa norte del Perú que se inserta en un paisaje desértico donde la precariedad y la aridez del clima fueron el punto de partida del proyecto. La obra se se encuadró dentro de los procesos participativos antes mencionados, con la intervención de los alumnos en todas las instancias del proyecto.

La presentación del ecuatoriano David Barragán de Al borde fue otro de los momentos esperados. Su sistema de autoconstrucción, en el que la estética del proyecto es la consecuencia de lo que se puede construir con las propias manos, causó un interés especial. Estudiantes y jóvenes profesionales de todo el mundo se trasladan a Quito para participar de estas experiencias. Y además promueven un sistema de «proyectos pirateables», para que cualquiera pueda copiarse un proyecto y construirlo sin la intervención de los arquitectos. «No queremos matarnos, ni que la arquitectura nos acabe», concluyó.

Pero tampoco faltaron las grandes figuras, como el argentino-brasileño Jorge Mario Jauregui, autor de muchos de los proyectos del programa Favela Barrio. Brindó un recorrido por la gran cantidad de intervenciones que realizó en esos asentamientos informales a largo de las últimas décadas, además de alertas como que «el tiempo político, el social y el de las obras nunca coinciden». También estuvo presente con una magnífica exposición el premiado Mauricio Rocha de México, y ya cerrando la tarde fueron muy aplaudidos Gerardo Caballero, uno de lo más reconocidos arquitectos con base en Rosario, y Manuel de Rivero, del estudio 51-1, de Perú.

 

Fuente: Arq – Clarín

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